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viernes, 6 de febrero de 2026

EL SUEÑO DE JACOB

 

Génesis 28:10–22 — El sueño de Jacob

10 Y salió Jacob de Beer-seba, y fue a Harán.
11 Y llegó a cierto lugar, y durmió allí aquella noche, porque el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel lugar, y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar.

12 Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.

13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo:
Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.

14 Y será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al mediodía; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.

15 Y he aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo:
Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.

17 Y tuvo miedo, y dijo:
¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.

18 Y levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y alzó la por señal, y derramó aceite encima de ella.

19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el; aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.

La piedra sobre la que descansa Jacob es interpretada por San Jerónimo y San Agustín, entre otros autores santos, como el mismo cuerpo de Cristo; la piedra sobre la que descansa Jacob es Dios, concepto que ofrece descanso a los que se han agotado por el camino, a los enfermos, a los que no saben cómo salir de una situación, a los que sufren. 

Sobre esta idea no hay duda de su certeza: los hombres necesitamos -unos más que otros- CREER que no estamos solos, que la vida tiene un sentido bien definido, que los buenos serán recompensados y los malos castigados, que la vida es algo más que un puro accidente, algo mas que el producto de una serie de combinaciones orgánicas o químicas. Necesitamos creer en eso aunque, lo que pasa a nuestro alrededor, nos muestra lo contrario. 

Por otra parte, los Santos serían a la religión como los actuales científicos de la NASA a la ciencia espacial ¿no? Entonces, ¿podrían tener razón los Santos? Quizás no hay que tomarse las cosas al pie de la letra y los Santos, como cualquiera, solo nos aconsejan, nos dan un analgésico para sobrellevar mejor el día. ¿Quién sabe? 

 

 

viernes, 7 de noviembre de 2025

ORAR Y QUE DIOS ESCUCHE

 Dice Gadea:

Yo también necesito creer para seguir viviendo. Si no, ¿cómo?

No soy más lista que nadie; yo también necesito creer que mis ruegos, de alguna manera, son escuchados por alguien, por algo; que no quedan en este minúsculo espacio que habito, inútiles y sin sentido.

Me basta con creer —creer en algo, aunque no adivine su forma, su materia, su color o como quiera que se pueda definir algo que no conoces—. Me da igual lo que sea: mi cuerpo, el cosmos, la energía cuántica, un señor barbudo o la moringa de mi patio; solo necesito creer que me oye y que existe la posibilidad de que mis súplicas sean atendidas.

Creer y posibilidad: dos palabras que parecen débiles, que no concretan nada, que no aseguran nada. Sin embargo, son algo así como males necesarios, sin los cuales no avanzamos.

No sé si esa necesidad de creer tiene sus raíces en el entorno espacial y temporal en el que se desarrolla mi vida o si es algo ancestral. Más bien me inclino a pensar que es algo primitivo. Por otra parte, me parece notable que esa necesidad, siendo tan antigua, no haya desaparecido ni menguado siquiera en nuestros tiempos. Parece algo innato, algo de lo que nunca llegaremos a librarnos. Amén. 


miércoles, 30 de octubre de 2024

DESVELADA

  Anoche oí en un canal de Youtube a un médico que hablaba de Lucy. Y pensé en la división de pensamiento que hay entre los que creen que somos la evolución de Lucy y los que creen que nos creó Dios. No sé si hay manera de unir las dos teorías, sin lagunas, de forma coherente. Si no la hay, la habrá, porque estoy convencida de que todo lleva a lo mismo; todos los caminos llevan a Roma con con fe o sin ella, con ciencia o solo con intuición. Los hombres hablamos de lo mismo pero con distintas palabras y desde distintos espacios ideológicos, mentales. 

Como era tarde y quería dormir, para relajar mi mente, me dije: todo esto da igual. Las cosas son como son tanto si pensamos en que somos hijos de Lucy como si pensamos que nos ha creado Dios insuflándonos energía vital.  Entonces me acordé del gato de Schrödinger y del "efecto observador". Y pensar que pudiera existir una realidad diferente para cada uno de nosotros, acabó desvelándome durante casi toda la noche. Si creo en Dios, es posible que mi universo realmente lo haya creado él y si creo ciegamente en la ciencia, es posiblemente que verdaderamente Lucy sea mi antepasado. 

Bueno pues, si es así, ya me quedo más tranquila. La cosa me resulta tan compleja que lo mejor es no pensar. Sí, no pienses, haz lo que tengas que hacer y no pienses. Me dije. 

Nuestros superiores estarían encantados con esta conclusión si no fuera porque, si hiciéramos lo que realmente quisiéramos, no les gustaría. Pero eso ya es otra cuestión.