lunes, 28 de septiembre de 2026

EL ENGAÑO


Hoy, a las seis de la mañana, mientras el sol dejaba ver sus primeros rayos allá en el horizonte que se divisa desde mi terraza, he tomado una decisión que intentaré sostener el mayor tiempo posible: engañarme.

Es que es útil. Verás: imagina, por ejemplo, que tienes el deseo de vivir en una bonita casa junto a la playa, en algún lugar paradisíaco y nada turístico. Sabes con certeza que conseguirlo sería casi como si te tocara la lotería. O sea, no es imposible. Como decía mi padre: «Cuando Dios está por dar, hasta la mujer pare hijos de otros». Pero probable, lo que se dice probable, no es.

Vale. Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Olvidar tu sueño?

Y si olvidas ese, es probable que termines olvidándolos todos, porque casi nunca habrá una circunstancia objetiva y racional que te demuestre que un sueño ha pasado de ser una posibilidad a convertirse en una probabilidad.

Entonces, ¿cómo vas a vivir sin soñar?

Yo estoy mejor engañándome. Esforzándome cada día por creer que mi sueño puede cumplirse. No pienso en cómo, ni necesito encontrar una explicación. Simplemente mantengo el ánimo dentro de esa esfera del «puede ser».

Porque, si no lo hago, sencillamente me siento como si avanzara penosamente por una calle cubierta por una niebla espesa.